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V DOMINGO DE CUARESMA - Jn. 12. 20-33



Compartimos:

Es la celebración de la Pascua en Jerusalén, donde Jesús ha llegado para observar la festividad.

Durante este tiempo, Jesús es buscado no solo por los judíos fieles sino también por los griegos, lo que indica que su mensaje y su influencia han trascendido más allá del pueblo judío. 

En este escenario, Jesús habla de su muerte inminente, pero lo hace utilizando la imagen del grano de trigo que debe morir para producir fruto. 

Este discurso se da en respuesta a la solicitud de algunos griegos que querían verlo, lo cual simboliza el alcance universal de su misión. 

La muerte y resurrección de Jesús no son solo para Israel sino para toda la humanidad. 

La enseñanza sobre el grano de trigo cae en un momento en que Jesús está siendo aclamado como el Mesías, pero él nos aclara lo que significa ser el Salvador, no a través del poder terrenal sino a través del sacrificio y la entrega por amor a la humanidad. 
 
La enseñanza de Jesús en este pasaje desafía nuestras ideas de poder y triunfo, invitándonos a encontrar la verdadera grandeza en el servicio y el sacrificio por los demás. 

 ¿Es así de firme nuestra fidelidad? Si queremos reflejamos en ese Jesús, a quienes vamos a seguir muy de cerca estos próximos días, no nos debe extrañar que también nuestro camino incluya a veces momentos de dolor,  tristeza, incluso de miedo. 

Seguramente alguna vez nos ha tocado elevar súplicas con gritos y lagrimas a Dios, para que nos ayude en momento de crisis. Pero de algo debemos estar seguros, que no es nada fácil seguir las huellas de Cristo con el mismo estilo de vida que El nos enseñó. 

A todos nos gusta más el éxito, tener buena salud, que por el contrario, la renuncia el sacrificio o el fracaso.  Jesús nos enseña que el mundo se salva, no con actitudes de grandeza o poder, sino por medio de la cruz, que en este mundo, claramente hoy no tiene buena prensa ni es popular.

A pesar del aviso de Jesús, "el que se ama a si mismo se pierde"  ¿A quién nos sale espontáneamente amar a los demás y perdonar setenta veces siete y poner la otra mejilla? 

Pidámosle al Señor que nos aparte del camino fácil, de la popularidad y el éxito, y nos lleve sobre los caminos de los pobres y de los que más sufren en este mundo. Amén.

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